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jueves, 6 de marzo de 2025

Úlceras vulvares: un reto diagnóstico

 

Úlceras vulvares: un reto diagnóstico

Las úlceras vulvares pueden afectar significativamente la calidad de vida y la salud sexual de las mujeres. Su presentación clínica es variable, lo que dificulta su diagnóstico etiológico. Aunque la mayoría son secundarias a infecciones de transmisión sexual (ITS), es importante considerar otras enfermedades sistémicas que pueden manifestarse con lesiones genitales. Para lograr un diagnóstico preciso, se requiere una anamnesis detallada, una exploración física minuciosa y pruebas complementarias, incluyendo biopsia en algunos casos para descartar malignidad.

En este caso clínico, se presenta una mujer de 39 años con úlceras vulvares graves y recurrentes. No tenía antecedentes personales de relevancia, aunque era fumadora activa, tenía pareja heterosexual estable y usaba anticonceptivos orales. En el transcurso de un año, fue hospitalizada en tres ocasiones por la aparición de úlceras dolorosas y extensas en la región vulvar, las cuales se iniciaban tras pequeños traumatismos como rascado o relaciones sexuales. La paciente intentó autotratamiento con lidocaína tópica y analgésicos orales, incluidos opioides.

Durante la evaluación clínica, se evidenciaron úlceras grandes y confluentes, con fondo fibrinoso y necrótico, que se extendían desde la región clitoroidea hasta la perianal, sin afectar la vagina ni la mucosa rectal (Figura 1). Se identificaron adenopatías inguinales bilaterales. No se hallaron úlceras orales ni alteraciones en el hábito intestinal. La analítica general fue normal y se descartaron ITS como sífilis, VIH, linfogranuloma venéreo, herpes simple, gonorrea, clamidia y tricomoniasis.

Los cultivos bacterianos y micológicos fueron negativos, al igual que la detección de micobacterias y pruebas específicas para Haemophilus ducreyi, Mycoplasma y Ureaplasma. El estudio anatomopatológico de la biopsia reveló inflamación aguda inespecífica, sin hallazgos concluyentes para chancroide, granuloma inguinal u otras infecciones (Figura 2). Se descartó también patología psiquiátrica.

El tratamiento incluyó hospitalización prolongada, analgesia con opioides y sondaje vesical debido al intenso dolor. Se realizaron desbridamientos quirúrgicos y curas periódicas con soluciones antisépticas y apósitos hidrocoloides (Figura 3). Tras tres meses de tratamiento, la paciente logró una resolución completa de las lesiones y permaneció asintomática durante los tres meses siguientes.

El diagnóstico diferencial de las úlceras vulvares de origen no infeccioso incluye enfermedades autoinmunes como el síndrome de Behçet, enfermedad de Crohn y pioderma gangrenoso, además de patologías dermatológicas y neoplásicas. En este caso, la enfermedad de Behçet se descartó por la ausencia de aftas orales y otros criterios diagnósticos. La enfermedad de Crohn, aunque puede manifestarse con lesiones vulvares, fue poco probable debido a la ausencia de síntomas digestivos y la negatividad de la calprotectina.

En conclusión, el manejo de las úlceras vulvares recurrentes requiere un enfoque multidisciplinario con una evaluación exhaustiva para determinar su etiología y guiar el tratamiento adecuado.



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  Soy   Isabelle Casanova Ledezma , estudiante de   Medicina Humana   en el   6to año   en la   Universidad Privada San Juan Bautista , en  ...