Diagnostico y manejo del embarazo ectopico:revision de la literatura
El embarazo ectópico es una condición en la que el blastocisto se implanta fuera de la cavidad endometrial del útero, ocurriendo en aproximadamente 20 de cada 1000 embarazos confirmados. Su ubicación más frecuente es la trompa de Falopio en un 90% de los casos, aunque también puede presentarse en la cavidad abdominal, el cuello uterino, el ovario, la porción intersticial de la trompa, el ligamento ancho o una cicatriz de cesárea. Representa una de las principales causas de mortalidad materna en el primer trimestre, especialmente cuando ocurre ruptura, con un 2.7% de las muertes maternas relacionadas con el embarazo. Entre los factores de riesgo destacan la enfermedad pélvica inflamatoria, el tabaquismo, cirugías tubáricas previas, antecedentes de embarazo ectópico e infertilidad. Los síntomas pueden ser inespecíficos e incluir dolor abdominal bajo, sangrado vaginal, náuseas, vómitos o síncope, por lo que el diagnóstico debe sospecharse en cualquier mujer embarazada sin confirmación ecográfica de embarazo intrauterino. La visualización ecográfica de un saco vitelino y/o embrión en los anexos es el criterio diagnóstico definitivo, aunque en la mayoría de los casos no es posible. Por ello, se utiliza el seguimiento seriado de los niveles de β-hCG y ecografías. La mortalidad por embarazo ectópico ha disminuido en un 50% desde 1980 gracias a los avances en diagnóstico y tratamiento, aunque el acceso limitado a la atención sigue siendo un factor de mal pronóstico. En los casos de embarazo de ubicación desconocida, se emplea el seguimiento de β-hCG, ecografías repetidas y aspiración uterina. El tratamiento puede ser médico con metotrexato en pacientes estables con β-hCG menor a 5000 mUI/mL, quirúrgico mediante salpingostomía o salpingectomía en casos de ruptura o inestabilidad hemodinámica, o en ciertos casos, expectante si los niveles de β-hCG están en descenso espontáneo. En presencia de inestabilidad hemodinámica o signos peritoneales, se requiere cirugía de emergencia. El embarazo ectópico ocurre cuando el embrión no llega a la cavidad uterina, lo que puede deberse a inflamación tubárica, factores tóxicos como el tabaquismo, cirugías previas o alteraciones en la función ciliar de las trompas. Se ha identificado la participación de Chlamydia trachomatis en la inflamación tubárica, con producción de interleucina-1 que favorece la implantación ectópica. En ocasiones, puede coexistir con un embarazo intrauterino en un embarazo heterotópico, lo que ocurre con mayor frecuencia en mujeres sometidas a técnicas de reproducción asistida. La incidencia general del embarazo ectópico es del 1-2% de los embarazos, aumentando hasta el 2-5% en técnicas de reproducción asistida. Entre sus variantes menos comunes se encuentran el embarazo en cicatriz de cesárea, con una incidencia de 1 en 500 embarazos en mujeres con cesárea previa, el embarazo intersticial con hasta 4% de los embarazos ectópicos y tasas de mortalidad hasta 7 veces mayores, el embarazo intramural con implantación en el miometrio en el 1% de los casos y el embarazo abdominal, presente en el 1.3% de los embarazos ectópicos, con implantación en serosas uterinas, omento o incluso el bazo o hígado. Se han identificado como factores de riesgo la edad materna avanzada, el antecedente de embarazo ectópico previo con un riesgo 10 veces mayor, el uso de dispositivos intrauterinos o la fertilización in vitro. La detección temprana, basada en la correlación clínica, ecográfica y de β-hCG, ha mejorado significativamente el pronóstico. El manejo puede ser médico, quirúrgico o expectante dependiendo de la evolución del embarazo ectópico y las condiciones clínicas de la paciente. Sin embargo, la atención oportuna sigue siendo un factor clave para evitar complicaciones graves como ruptura tubárica y hemorragia masiva.
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